Estando yo de pie frente a una librería, miraba con atención los libros de la ventana, libros que están fuera de mi alcance, textos caros, en mi bolsillo menos de mil colones, me resigne a solo admirarlos, me aleje de la ventana, seguí caminando hacia la parada del autobús; fue entonces que me di cuenta que hay una clara diferencia en cuanto a necesitar dinero y depender de él.
Para muchas personas el dinero es lo que los domina, su dios, porque desean tener todos los lujos que el embriagante comercio les pueda ofrecer; que lo diga nuestra sociedad, asaltos, secuestros, prostitución, negocios con droga de por medio, todo por los billetes que atan al ser humano. Es increíble que personas asesinen por dinero, que vendan órganos de niños, que vendan su cuerpo, todo esto por querer tener una vida fácil. Pregunto: ¿Cuánto vale la conciencia?, ¿Cuánto vale una vida?, ¿Cuánto vale la dignidad?, “sé feliz con lo que tienes, vive tu vida intensamente” dice una canción, ¿quién cumple con esto?.
Las personas de hoy en día se sienten desnudas si no tienen un teléfono celular en su poder, desean encontrarse una maleta llena de dólares en la calle, ¿a quien no le alegraría?, el dinero nos vuelve esclavos, que lo diga Judas vendiendo a Jesús por unas monedas. Las deudas innecesarias que llevan a las personas al suicidio, que cadena tan gruesa es la ambición.
El humano y el dinero, relación inseparable que marca el camino a seguir, narcotraficantes, sicarios, gobernantes ambiciosos, vidas a base de dinero.
Ese día cuando llegue a casa me puse a leer mis libros, me entretuve y me alegre de no ser dependiente del dinero; el dinero no debe ser amigo, tampoco puede ser nuestro enemigo, el dinero tiene que ser solamente un conocido.
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